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Fortunato Velasco Tobar, Beato

Por: . | Fuente: Somos.Vicencianos.org

Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano:En distintos lugares de España, Beatos Fortunato Velasco Tobar y 13 compañeros, de la Congregación de la Misión;asesinados por odio a la fe ( 1934-1936)

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.

He aquí un misionero joven voluntario para la muerte. Siem­pre así de generoso y sacrificado. Buen compañero, sin egoísmos, era el hombre en todo instante dispuesto a prestarse a lo que fuere menester. Y como quien no hace más que cumplir una obligación.

¿Qué cómo fue aquello de ofrecerse a morir?

En Alcorisa, diócesis de Zaragoza y provincia de Teruel, la Guardia Civil y algunos paisanos de orden mantuvieron a raya a los zurdos; mas la ola roja se corría, se corría desde Alcañiz, y las fuerzas de Alcorisa se replegaron a Zaragoza, diciendo: ¡Sálvese quien pueda!

Y entre los que tiraron a salvarse por el camino que al Pilar lleva, los PP. Paúles de aquella residencia, antes Colegio de Segunda Enseñanza para externos e internos y ahora Escue­la Apostólica para futuros Misioneros, mas sin muchachos; que previsoramente habían sido enviados a sus respectivas casas, días antes.

Y el P. Velasco (siempre adoleció de exagerada simplici­dad) dijo que se quedaba en su casa y que si llegaban los rojos, él mantendría los derechos, mas que no le hicieran caso, y no se quedarían, sin protesta por el atropello. Así.

Corno en tales casos la decisión personal es la que determina, otorgó su anuencia el Superior.

A media tarde del día 29 de julio de 1936, ante el fundado rumor de que se aproximaban los rojos, el P. Velasco proveyó que uno de los vecinos, el bueno del Sr. Manuel, se llevara a su casa al único apostólico que quedaba en el colegio, Manolo Herranz.

Y llegaron, sí, los marxistas. Harto lo publicaban, a eso de las seis de la misma tarde, el clamoreo estruendoso del popu­lacho y los incendios con sus humaredas y llamaradas.

Las hordas, adueñadas, sin resistencia, del pueblo, al Co­legio se fueron.

Empezaron, como es de rúbrica, a golpear las puertas, ha­ciéndoseles horas los segundos. Los de dentro, el P. Velasco y el H. Aguirre, fuera por el miedo, que natural y espontánea­mente nace, o por estar en el lado opuesto de la casa, tardaron un poco en abrir, lo que interpretaron los rojos a oposición, desde luego.

Abrió, al fin, la puerta el P. Velasco, y, al decirles, sereno y con la mayor naturalidad del mundo:

-¿Qué se les ofrece?

-¡Manos arriba!- gritaron.

Y con las manos arriba, prosiguió el diálogo:

-¿Dónde está el Superior?

-Ha tomado un, coche y ha huido a Zaragoza.

-Y tú, ¿por qué no has huido también?

-Porque he creído conveniente entregarles a ustedes la casa.

-Ninguna falta hacía; la casa es nuestra, es del pueblo. Abre las puertas, las luces, todo.

El registro revistió carácter de pillaje general. Y, al llegar a la iglesia, las sagradas imágenes fueron saludadas con nutri­do tiroteo.

Eran las seriales del traspaso de dominio.

Condujeron a los dos infelices al Ayuntamiento, convertido en cárcel. Allí estaban detenidos muchos del pueblo, entre ellos dos sacerdotes, el Coadjutor de Alcorisa y el Párroco de Más de las Matas. La noche del 29, hubo un bautismo de sangre, el del Hermano Aguirre, como en su lugar se detalla.

Para todos los detenidos, fueron estas lloras de angustia mortal.

A las dos de la tarde del día siguiente, 30, empezó un jui­cio público, espectacular. Un juicio pilatesco. Uno a uno los sacaban al balcón del Ayuntamiento y un tal Sebastián Vicen­te, hijo del alguacil, gritaba al populacho, ebrio de furor y sediento de sangre:

-Aquí tenéis a… (nombre y apellido). No se trata de ex­terminar una planta, un árbol, un animal; es un semejante a nosotros el que vamos a sentenciar; no es un ser cualquiera, que se mata y nada se trastorna; es un hombre, cuya vida, una vez quitada, no se le puede volver… Decid, pues, vosotros si se le debe sentenciar a muerte.

Si la respuesta era afirmativa, volvía a hacer las mismas reflexiones hasta tres veces.

Cuando tocó el turno al P. Velasco -escribe el joven Ma­nolo Herranz, el apostólico- y les propuso si debía sentenciár­sele a muerte, todos respondieron:

-Sí. Que no se le dé libertad, porque es fraile.

Entonces, el pregonero les hizo la siguiente reflexión: -No porque sea fraile hay que fusilarle; hay que probar que haya hecho armas contra nosotros.

Con esto quedaron confundidos, y pidieron, su libertad…

Terminado el solemne juicio, a todos los perdonados los pusieron en libertad, diciéndoles: “Bien, camaradas, ahora a trabajar por la prosperidad de la República”.

Mosén Paco, el Coadjutor del pueblo, acogió con amor y cariño en su casa al P. Velasco.

Y pasaron los días, no libres de temor, pues raro era el día o la noche en que no se inmolaba a algún vecino, incluso de los perdonados.

Mientras tanto, varias personas le visitaban, pidiendo con­fesión. Quien no faltaba ninguna tarde era el apostoliquillo. “Aquí le visitaba, dice él mismo, todos los días, alegrándose mucho de verme y pasando un buen rato por las tardes con él entretenidos hasta el anochecer, que yo’ me marchaba a casa del Sr. Manuel.”

El día 17 de agosto corrió por el pueblo el rumor de que por la carretera de Andorra (pueblo) venían camionetas de fascistas, y como tenían por norma vengar con el fusilamiento de derechistas las bajas habidas en cualquier parte, a mediano­che se llevaron al P. Velasco, para que con su vida pagara las que de ellos se perdieran en aquel trance. Mas el rumor resul­tó infundado, y al Padre le perdonaron la vida, una vez más, con harto sentimiento suyo. Oigamos de nuevo al simpático testigo, Manolo Herranz:

“En una de las visitas que le hice (cinco días antes de su muerte), me dijo con pena: “¡Que la Santísima Virgen no quiera que yo sea mártir; pues pude haber sido fusilado ano­che, cuando me llamaron a las doce!”

Mas su ardiente anhelo de morir por Cristo le engañaba en su noble impaciencia. No había llegado la hora de su in­molación; mas se aproximaba. Dios había aceptado su gene­rosa ofrenda.

Continuamos transcribiendo:
“Seguí visitándole; pero llegó un día que, al ir a verlo, ya no estaba. Regresaba del campo, adonde me llevaban a trabajar para la colectividad, al anochecer del día 23, cuando supe que la noche anterior había sido de nuevo encarcelado el P. Velasco; apenas llegué a casa del Sr. Manuel, me dirigí a la del Sr. Coadjutor. Allí encontré a su casera, Margarita Sánchez, que tenía ya la cena preparada, para llevársela al P. Velasco, esperando que fuera yo, para acompañarla, pues no se atrevía a ir sola.

“Cogió la cena y nos dirigimos hacia las Escuelas Públi­cas, habilitadas para cárcel. Entramos por la parte de arriba y, después ‘de haber recorrido dos pequeños pasillos, acom­pañados del carcelero, entramos en la habitación.

“Al ruido de la puerta se despertó el preso, que era enton­ces el único que en ella había, y levantándose de la cama, que era un, colchón sobre unas tablas, se acercó a nosotros des­pués de saludarnos.

“Le preguntó la casera del Sr. Coadjutor cómo había pa­sado la tarde, a lo que él respondió que bastante bien. Esta­ba algo indispuesto, efecto de que los alimentos que había to­mado por la mañana los había devuelto a mediodía; por eso, durante la tarde se había acostado.

“La cena no era muy exquisita, que digamos, pues consis­tía en dos huevos duros, un tazón de sopa y unos bocadillos del mediodía, que guardaba en una cesta. A sus repetidos rue­gos, acepté el cenar con él.Echó en otro tazón la mitad de las sopas y me las dio; lo que yo recibí con sumo agrado. Ël tomó los huevos y a mí me dio uno de los bocados que había dejado del mediodía.

“Al verlo tan animado, durante la cena, y pensando yo lo poco que duraría tal vez su encarcelamiento, me eché a llo­rar; mas él me consoló con estas palabras:

-”No importa que yo muera; tú ten ánimo y valor.”

“Al despedirnos, sacó del bolsillo de la chaqueta unos len­tes con su estuche y una cadena del reloj (éste se lo quitaron, al encarcelarlo, con el poco dinero que llevaba encima), diciéndome: “Toma esto; guárdalo corno recuerdo; no me han dejado nada más.”

“… cerró el carcelero la puerta con llave y dirigimos nues­tros pasos hacia la calle, con, el presentimiento de que no le podríamos visitar otra vez, como, desgraciadamente, sucedió, pues aquella noche, a las doce, fue conducido, entre cuatro milicianos, al cementerio, donde consumó su sacrificio aquel digno ministro del Señor.”

Hasta aquí la relación de Manolo.’

Su Superior, el P. Dionisio Santamaría, que volvió a Al­corisa, en cuanto este pueblo fue liberado, e indagó diligen­temente cuanto se relaciona con el martirio de sus súbditos, escribe así acerca de los últimos momentos del P. Velasco:
“El 24, día de San Bartolomé, le sacaron a media noche, en un camión, a no se sabe dónde; pero para fusilarle. ¿Cuál es su paradero?

“Se han apurado los medios y no se ha podido averiguar adónde lo llevaron, porque los que lo saben se han fugado con los rojos.

“Al día siguiente, su muerte fue objeto de varios comen­tarios interesantes. Sor Concepción Gutiérrez, Hija de la Ca­ridad, de la Comunidad de Alcorisa, estando trabajando en el taller de una granja, adonde los rojos la llevaron, sorprendió esta conversación a varias mujeres, entre ellas María Rosa Zurita, Concha Barrachina y Luisa “la Francesa”:

-”¡Hay que ver ese frailucho, qué valiente. No tenía mie­do a nada ni a nadie, con estar solo; diciendo, al morir: “¡Viva Cristo, Rey! La Religión no muere. A mí me podéis matar, pero a Dios no. ¡Algún día seréis juzgados por ese Dios mis­mo, en cuya mano caeréis!”

El muchacho Manolo, tantas veces aludido y citado, trans­cribe así las últimas frases:
-”Yo voy a morir; pero la Religión no morirá. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España! Perdono a mis enemigos.”
Como digno colofón de esta preciosa acta de martirio, co­piamos íntegra la emocionante carta que el P. Velasco escri­bió, con lápiz, en un cuadernito (se conserva), la primera vez que fue encarcelado, y que retrata al mártir de cuerpo entero; carta que bien podía haber suscrito, según se puede apreciar por lo dicho arriba, momentos antes de su muerte. Dice así:
“30 de julio de 1936.

“Querido Herranz: Te escribo desde la prisión para comu­nicarte alguna cosilla. Ayer tarde, después de llegar las mili­cias, huyeron todos menos Aguirre y yo. Llegaron las mili­cias, nos entregamos, hicieron mil destrozos. Al salir, se co­noce que lo mataron (se refiere al Hermano), según me he enterado hoy. Yo he estado toda la noche en la cárcel y esta mañana he ido a declarar. A nosotros nos echan la culpa de todo el Movimiento; por tanto, estoy esperando me fusilen de un momento a otro. Ruega por mí.

“Ya escribirás a Zaragoza, Germanías, 45, contando todo lo que ha pasado. Procura enterarte de los que mueren y matan y lo dices; en fin, ya sabes.

“Ahí te mando el dinero que tengo, para que la tía Simo­na te cuide y te mande después al pueblo o a otra casa.

“Recuerdos a la tía Simona, a todos y que rueguen por mí; moriré mártir en defensa de la fe.

“Si algo se me olvida, procura recordar lo qué.

“Di también al P. López (el P. López Toribio, Superior de Zaragoza, que había vivido varios años en su pueblo de Tar­dajos) que avise a mi familia. Esto no lo escribas hasta que haya correspondencia y sepas de cierto que he muerto.

“Yo ya me he ofrecido a Dios, para que se haga su santa voluntad.

Fortunato Velasco.

Adiós.”

Sin comentarios. Que los hagan los corazones de los lec­tores.

Y terminamos estos apuntes, los que con más emoción he­mos trazado, por tratarse de un condiscípulo, con los siguien­tes datos biográficos:

El P. Fortunato Velasco Tobar era natural de Tardajos (Burgos). Nació, el 31 de mayo de 1906. Pertenecía a familia numerosísima (19 hijos de un solo padre) y cristianísima (seis son Paúles: Julián, Andrés, Esteban, Luis, nuestro Fortunato y Maximiano, más una Hija de la Caridad, Sor Sabiniana).

Sus padres, Francisco y Felisa.

Entró de Apostólico, juntamente con su hermano menor, Maximiano, en Tardajos, a mediados de septiembre de 1919. Al empezar el curso 19204921 se trasladó con todos los niños sus condiscípulos y los del curso anterior, a Guadalajara, don­de aquel año comenzaba. a funcionar la Escuela Apostólica como central de todas las de España.

En los estudios, tanto humanísticos como filosóficos y teo­lógicos, se señaló como medianía algo deficiente, excepto en las matemáticas, que eran su fuerte; tenía, más entendimiento que memoria. Tenía cualidades oratorias no comunes, que espe­ranzaban, con tiempo para prepararse y dado que era traba­jador y humilde, un buen predicador, especialmente como mi­sionero.

Empezó el noviciado para Paúl, en Madrid, el 18 de septiembre de 1923; lo continuó en Hortaleza, adonde se trasladó aquél el 17 de febrero de 1925, y pronunció los santos votos
en Villafranca del Bierzo (León), el 19 de septiembre de 1925. Cursó la Filosofía en Villafranca, y la Teología, tres cursos en Cuenca y uno en Potters Bar (Inglaterra). Corrían los días difíciles del alumbramiento atropellado de la terrible Niña, la segunda República Española. En vísperas de las elecciones generales para diputados, los Superiores, previsores y prudentes, por si se imponía la expatriación, dispusieron que todos los estudiantes teólogos se trasladaran a Murguía (Ala- va). Allí estuvieron pasando el verano de 1931, y entre ellos el entonces Hermano Velasco. Para mayor abundamiento, dis­pusieron asimismo que los del último curso, previa la orde­nación sacerdotal, se trasladaran a Inglaterra.

Recibió, pues, el H. Velasco, con sus condiscípulos, y por especial privilegio pontificio, las órdenes sagradas de mano de otro excelente mártir, el Excmo. y Rvmo. Sr. Obispo de Cuen­ca, Dr. Cruz la Plana, y en dicha ciudad, con arreglo a las si­guientes fechas del año 1931: 16 y 17 de septiembre, Meno­res; 18 de septiembre, Subdiaconado; 4 de octubre, Diacona­do, y 11 de octubre, Sacerdocio.

Celebró el P. Velasco su Primera Misa en la Basílica de la Virgen de la Medalla Milagrosa y de San Vicente de Paúl, en Madrid, el 12 de octubre.

El 14 de diciembre llegó a Inglaterra. Volvió de allá, ter­minada la carrera, en junio de 1932.

Sus destinos fueron: cinco meses en Murguía (Álava); des­de 1933 a 1935, en Teruel, y desde el segundo semestre de este año, en Alcorisa. Siempre dedicado a la formación de los fu­turos miembros de la Congregación de la Misión.

¡Mártir dichoso de Cristo, ruega por nosotros!

BIOGRAFÍAS DE MISIONEROS PAULES Edición 1942
Autor: Elías Fuente

Este grupo de mártires está integrado por:

1. TOMÁS PALLARÉS IBÁÑEZ
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 06 Marzo1890 en Iglesuela del Cid, Teruel (España)
martirio: 13 Octubre 1934 en Oviedo, Asturias (España)

2. SALUSTIANO GONZÁLEZ CRESPO
hermano de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 01 Mayo 1871 en Tapia de la Ribera, León (España)
martirio: 13 Octubre 1934 en Oviedo, Asturias (España)

3. LUIS AGUIRRE BILBAO
hermano de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 13 Septiembre 1914 en Murguía, Vizcaya (España)
martirio: 30 Julio 1936 en Alcorisa, Teruel (España)

4. LEONCIO PÉREZ NEBREDA
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 18 Marzo1895 en Villarmentero, Burgos (España)
martirio: 02 Agosto 1936 en Las Planas de Oliete, Teruel (España)

5. ANDRÉS AVELINO GUTIÉRREZ MORAL
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 11 Noviembre 1886 en Salazar de Amaya, Burgos (España)
martirio: 03 Agosto 1936 en Gijón, Asturias (España)

6. ANTONIO CARMANIÚ MERCADER
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 17 Agosto 1860 en Rialp, Lérida (España)
martirio: 17 Agosto 1936 en Llavorsi, Lérida (España)

7. FORTUNATO VELASCO TOBAR
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 31 Mayo 1906 en Tardajos, Burgos (España)
martirio: 24 Agosto 1936 en Alcorisa, Teruel (España)

8. RICARDO ATANES CASTRO
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 05 Agosto 1875 en Cualedro, Orense (España)
martirio: 14 Agosto 1936 en Gijón, Asturias (España)

9. PELAYO JOSÉ GRANADO PRIETO
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 30 Julio 1895 en Santa María de los Llanos, Cuenca (España)
martirio: 27 Agosto 1936 en Gijón, Asturias (España)

10. AMADO GARCÍA SÁNCHEZ
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 29 Abril 1903 en Moscardón, Teruel (España)
martirio: 24 Octubre 1936 en Gijón, Asturias (España)

11. IRENEO RODRÍGUEZ GONZÁLEZ
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 10 Febrero 1879 en Los Balbases, Burgos (España)
martirio: 06 Diciembre 1936 en Guadalajara (España)

12. GREGORIO CERMEÑO BARCELÓ
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 09 Mayo 1874 en Sitios, Zaragoza (España)
martirio: 06 Diciembre 1936 en Guadalajara (España)

13. VICENTE VILUMBRALES FUENTE
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 05 Abril 1909 en Reinoso de Bureba, Burgos (España)
martirio: 06 Diciembre 1936 en Guadalajara (España)

14. NARCISO PASCUAL y PASCUAL
hermano de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 11 Agosto 1917 en Sarreaus de Tioira, Orense (España)
martirio: 06 Diciembre 1936 en Guadalajara (España)

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